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28/5/09

¿Podría ser Andrés Velasco?

En este momento nadie sabe si es cierto o posible o una equivocación rotunda la afirmación según la cual la Concertación habría pensado en relevar al ex presidente Eduardo Frei de la candidatura presidencial.
La afirmación de su relevo, o “bajada” de la candidatura, la lanzó Marco Enríquez-Ominami, indicando que la procedencia de la idea era la propia Concertación.
Dijo que la candidatura del expresidentes no convencía a todos en la alianza de Gobierno (Partido Por la Democracia, Partido Socialista, Democracia Cristiana y Partido Radical), y venía con mucha mayor presencia social al ministro de Hacienda, Andrés Velasco.
Casi en idénticas condiciones surgió la candidatura de Michelle Bachelet, cuando todos daban por sentado, en aquella época, la presencia de Soledad Alvear como “la abanderada de la Concertación”.
Y Michelle Bachelet, en cuestión de 5 meses, pasó de ser ministra de Defensa, a candidata presidencial y a Presidenta de la República. El turno de Soledad Alvear no era ese, y hoy día no se sabe cuándo será. Quizás nunca.
¿Estará ocurriendo algo semejante con Eduardo Frei, y el ministro Andrés Velasco salte a la candidatura de la Concertación y a La Moneda en los próximos meses?
Al menos, es el segundo mejor reconocido por el pueblo chileno en las encuestas, después de la propia presidenta Michelle Bachelet, mientras que Eduardo Frei no aparece por ningún lado.
En todo caso, cada minuto que pasa, tras observarse el desempeño del candidato Eduardo Frei, pareciera más creíble la versión de Marco Enríquez-Ominami, proveniente de la propia Concertación.

21/5/09

¿Clima electoral civilizado?

Más que hablar de números, balances y anuncios, quiero destacar la atmósfera reinante antes, durante y después de la intervención de la presidenta Michelle Bachelet ante el Congreso Nacional, reunido en pleno, en su cuarta y última cuenta pública de su Gobierno al país.
No me referiré al nuevo bono de invierno por $40.000, ni el anuncio de penas de prisión para quienes en cualquier rubro económico se coludan para manipular los precios. Ambas, decisiones loables, ciertamente.
Lo que deseo exaltar es el tono civilizado que adoptaron los partidarios del gobierno de la Concertación, y los líderes opositores de la Coalición por el cambio.
Y en primer lugar, exaltar el tono del propio discurso presidencial.
Llamó la atención que estuvo exento de acusaciones, confrontaciones o disensos. La presidenta Bachelet resultó ser más conciliadora de lo esperado.
Tuvo palabras de agradecimiento para el Congreso, y levantó aplausos cuando puso de relieve la aprobación de la ley establece la igualdad de sueldos entre hombres y mujeres que realicen la misma labor.
Pidió continuar lo bueno que haya podido haber hecho. Pero no se lo pidió al candidato Eduardo Frei allí presente, sino que lo dijo sin destinatario: a cualquiera que la suceda.
Y también resulta destacable la manera como los dirigentes de la oposición calificaron el discurso presidencial: como equilibrado, un poco exagerado en logros, pero conveniente para el momento histórico.
Caso increíble el de Iván Moreira, ardiente y ardoroso miembro de la Unión Demócrata Independiente (UDI), quien reconoció los avances en materia de salud y protección social del gobierno de Michelle Bachelet.
¿Moreira, el momio, el pinochetista? Sí, el mismo Iván Moreira.
De igual manera, muy puestos en su lugar los presidentes de las dos cámaras parlamentarias. Jovino Novoa, presidente del Senado, y Rodrigo Álvarez Zenteno, presidente de la Cámara de Diputados.
Jovino Novoa y Rodrigo Álvarez Zenteno, militantes de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el ala más radical de la alianza de centro derecha Coalición por el Cambio (de la que también hacen parte Renovación Nacional y ChilePrimero).
Quizás esta atmósfera civilizada de hoy marque el ambiente electoral en que los candidatos, tanto al Parlamento como a la Presidencia de la República, se dediquen a proponer y debatir sobre le progreso del país y de las personas, y no a lanzarse dardos envenenados para solamente ganar un voto más.
¡Fair play!

20/5/09

Marco Enríquez–Ominami

Sumamente reveladora la dinámica que ha adquirido la política chilena con miras al relevo presidencial. De un lado, los mismos de siempre, y de otro Marco Enríquez–Ominami.
Recuerdo que cuando se lanzó Marco Enríquez–Ominami, hace unas tres semanas, el candidato Eduardo Frei dijo, algo así como: “Dejemos que Marquito sueñe”.
Y se le creció el enano.
Por cierto que al expresidente no le quedó fácil, pues con sobrado derecho, el líder del Partido Radical, José Antonio Gómez, le disputó, en su momento, ese privilegio de algunos de la Concertación: ser candidato.
A José Antonio Gómez, como matón de barrio, le salió un Camilo Escalona fascista, a callarlo, literalmente, a golpes. Es increíble el grado de postración y conservadurismo al que han caído algunos “socialistas”.
El envalentonamiento de Eduardo Frei, pues, ante Marco Enríquez–Ominami, no le ha brindado frutos. Al contrario, temores.
Crecido el enano (“Marquito”), ahora tiene que pensar el expresidente candidato cómo va a frenar ese imparable 9, 10, 11, 12 y 13% de intención de voto, que ya tiene en los sondeos el “cabro chico”.
Lo increíble que le está resultando al expresidente-candidato Eduardo Frei, es que distinguidos políticos como Carlos Ominami, Álvaro Escobar y Nelson Ávila, entre otros, han mostrado simpatía por la aspiración presidencial de Marco Enríquez–Ominami.
Hasta el expresidente Ricardo Lagos Escobar (un viejo zorro que huele en el aire) recomendó acercarse a Marco Enríquez–Ominami, y tratar de neutralizar aquello.
No lo hicieron.
Lo bueno es que Marco se ha revelado como la necesidad de muchas personas de decir que ya no quieren más de lo mismo. Lo cual, entiéndase bien, no quiere decir que la gente esté diciendo que quiere un gobierno del otro polo.
Lo que la gente está diciendo es que la Concertación, y su candidato Eduardo Frei, ya no los representa suficientemente, como puedo haber ocurrido en el pasado.
Los nuevos tiempos no pueden ser con los mismos de siempre.
Un ejemplo de que no se están haciendo bien las cosas, se muestra en que la candidatura de Eduardo Frei se plantea como “rejuvenecida”, porque incorporó al ex director de Un techo para Chile, el joven Sebastián Bowen.
Pero, a renglón seguido, nombran como coordinador general a… Belisario Velasco.
Marco Enríquez–Ominami encarna el deseo de la gente de un cambio.
Y ese 12 o 13% de intención de voto a su favor es elocuente.
No es gente que quiera irse para el otro extremo, y pasar de la Concertación a la centro derecha de la Coalición por el cambio.
La gente quiere una visión progresista, que a estas alturas, por cierto, nadie sabe cuál puede ser en realidad, pero Marco Enríquez-Ominami representa lo más parecido a eso.
Y lo más seguro es que lo presionen para declinar su aspiración en la primera vuelta, si llega hasta allá. Pero aún así, ya mismo tiene la responsabilidad de ir hacia delante con ese respaldo de la gente.
A mi modo de ver, no debe declinar de su aspiración presidencial sino en las urnas.
Y después, me gustaría que no “negocie” su programa, elaborado a favor de esa opción progresista que quiere la gente. Dejar que la gente vote en segunda vuelta por el que quiera, Eduardo Frei o Sebastián Piñera.
Para que Marquito vuelva dentro de cuatro años, con mayor madurez, a intentar su aspiración presidencial.

7/5/09

Fernando Flores: factor R

Es difícil asimilar un cambio tan radical como el protagonizado por el senador Fernando Flores: pasar de un ministerio de Salvador Allende, a un pacto con la Alianza de centro derecha.
No es la primera vez que un líder de izquierda se desliza hacia la derecha. Y diríamos más: muchos de izquierda actúan como si fueran de derecha.
Pero si alguien pregunta por esta transformación del creador del movimiento independiente Chile Primero, no sabemos qué tan extensa debe ser la explicación.
Lo primero, decirle que en la sangre del senador Fernando Flores bulle un factor R (rebelde), que lo hace único, así como a otros nos bulle un común factor RH.
Se recuerda que fue uno de los fundadores del Partido Por la Democracia (PPD), que surgió como una actitud rebelde ante el vacío que inspiraban los partidos del momento.
Estando en el PPD, formó parte de la coalición de gobierno denominada Concertación (de la que también hacen parte la Democracia Cristiana y los partidos Socialista y Radical).
Aburrido de pedir cambios y ver que no se producían, según lo explicó, se salió del PPD y de la Concertación, y creó Chile Primero, un partido independiente.
Y ahora, Chile Primero siente que está demasiado lejos de la Concertación, como para apoyar al candidato presidencial Eduardo Frei, y opta por unirse a la Alianza.
De esta manera, el senador Fernando Flores comienza apoyando a Salvador Allende en los tiempos de la Unidad Popular, y termina apoyando a Sebastián Piñera en los de la “Coalición por el Cambio”.
¿Puede uno llegar a tal punto de decepción política, que no le impida deslizarse de la centro izquierda a la centro derecha?
Si la respuesta es afirmativa, podría pensarse que algo más grave aún está ocurriendo en la Concertación: corrupción, negociados, engaño al pueblo, favorecimiento del status quo, etcétera.
Y quizás sea así, porque no es único el caso de Fernando Flores, sino que se suman los de Alejandro Navarro, Marco Enríquez–Ominami y Adolfo Zaldívar, quienes han abandonado la Concertación.
Y aunque no la haya abandonado explícitamente, el senador Carlos Ominami ha dicho que prefiere apoyar a su hijo Marco que a Eduardo Frei, candidato de la Concertación.
Esta sintomatología permite afirmar que las próximas no serán unas tradicionales elecciones presidenciales, sino la esquina en la que el país puede doblar su camino hacia un lugar por completo inédito.

3/5/09

El genial socialista Camilo Escalona

Encuentro muy saludable la candidatura presidencial de Marco Enríquez-Ominami y, en cambio, lo más antidemocrática la actitud del presidente del Partido Socialista, Camilo Escalona, al censurarla, pero sobre todo, al coartar con actitud de dictadorzuelo la legítima aspiración presidencial de José Antonio Gómez.
José Antonio Gómez es señor militante del Partido Radical Social Demócrata, uno de los colectivos que hacen parte de la coalición izquierdista de Gobierno (Concertación), a la que también pertenecen el Partido Socialista, el Partido Por la Democracia (PPD) y la Democracia Cristiana.
Quiso el señor José Antonio Gómez, con legítimo derecho, aspirar a ser el candidato de la Concertación, y le llovieron rayos y centellas de parte del presidente del Partido Socialista, Camilo Escalona, quien, palabras más palabras menos, le dijo “usted es un estorbo”, “qué es lo que usted busca”, “por qué usted no despeja el camino”.
Según Escalona, ¿cómo se le ocurría a José Antonio Gómez retar al ex presidente Eduardo Frei, en unas elecciones primarias?
Increíblemente enconado con José Antonio Gómez se mostró, pues, el genio de Camilo Escalona, casi tanto, o más, que con Sebastián Piñera, que es el candidato presidencial de la centro derecha, conformada por la Unión Demócrata Independiente (UDI) y el partido del aspirante, Renovación Nacional, su auténtico rival.
¿Por qué no podía José Antonio Gómez aspirar a ser candidato de la Concertación? La nerviosa actitud del presidente socialista parece revelar una situación de fragilidad suprema en la Concertación y, por supuesto, un temor anticipado a perder ante Sebastián Piñera, en diciembre próximo.
Cumplidas las deslucidas primarias, y tras el conteo de votos, se confirmó que Eduardo Frei será el candidato presidencial de la Concertación. Pero el día de la proclamación, y en la propia tarima, el señor Escalona dio el más claro ejemplo de matonaje político, al increpar al oído y empujar a José Antonio Gómez, reprochándole no haber aceptado la derrota “una hora antes”.
¿Tenía importancia que el señor Gómez lo hubiera hecho una hora antes?
¿Iba a desbaratarse la Concertación, en esa supuesta “hora crítica”?
¿Por qué, el presidente de un partido que se precia de serio, el Socialista, hace esos alardes de bajeza en un acto solemne?
Decir, por lo demás, que el aspirante presidencial José Antonio Gómez obtuvo el 35% de los votos de la Concertación en esas elecciones primarias, lo cual es digno de tomarse en cuenta, y no menospreciar, como lo hizo el astuto genio de Camilo Escalona.
Y estamos hablando de que José Antonio Gómez, en su condición de ex ministro, parlamentario y presidente del Partido Radical, es “un peso pesado” en la Concertación. Qué decir, entonces, de la displicencia del señor Escalona cuando supo de la aspiración de (otro socialista), Marco Enríquez-Ominami.
Lo trató de algo así como “niño tonto”.
O sea, ¿el señor Escalona se consagró a sí mismo, como el que determina quién hace qué en Chile?
Pero lo hace de manera siempre equivocada, pues el “niño tonto” tiene, según las últimas mediciones de intención de voto, el 10% de las preferencias con miras a las próximas elecciones presidenciales.
Quizás, como zorro viejo, huela en el aire el señor Escalona que “la Concertación enfrenta nuevos dilemas de gobernabilidad”, como se analiza en la Fundación Chile 21, la que expresa: “algunos plantean que la alternancia sería aconsejable, para obligar a los sectores representativos de la izquierda, al interior del conglomerado, a reconciliarse con las fuerzas sociales con las que no han mantenido el necesario contacto durante estos años de concentración en las funciones político-institucionales, propias de la administración del poder”.
Y añade Chile 21:
“La Concertación de Partidos por la Democracia ha sido eficiente en la duplicación del ingreso per cápita en Chile y en la reducción de la pobreza. Enfrenta ahora el dilema de caer en el síndrome de la mujer de Lot, ensimismándose en los éxitos del pasado, o enfrentar creativamente los nuevos dilemas, en una perspectiva de adaptabilidad y cambio. Si no lo hace, corre el riesgo de pasar a convertirse en un interesante objetivo de estudio politólogico, porque es cierto que la unidad demostrada por los partidos que la han venido conformando resulta impresionante en un cuadro como el de América Latina, signado por lo provisorio, lo fugaz, la informalidad, la dispersión y la volatibilidad”.
Añadiríamos que una Concertación con dirigentes excluyentes, censuradores y dictadorzuelos como el señor Camilo Escalona, ya tiene suficiente, como para que, además, le gane el candidato de la centro derecha, lo cual Chile 21 da por probable, y muchos sin partido lo consideran deseable.

28/4/09

Los ciegos del fideicomiso

Nadie ha probado que quienes piden a gritos que el multimillonario candidato presidencial Sebastián Piñera se separe de su fortuna, no tengan algún interés con la riqueza de otros, o escondan la suya mediante personas que se las maneja o a través de empresas que no existen sino en el papel.
Nadie ha probado que los legisladores (diputados y senadores) estén completamente desligados de la industria forestal, cuando hacen leyes para este rubro. O de la industria acerera, o petroquímica o acuícola…
Muchos legisladores también generan fortunas personales creando leyes para los demás. Y esto ocurre, no solamente en Chile, por cierto.
En días pasados se vio en las noticias que el candidato de la coalición de gobierno, Eduardo Frei, y el ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, tenían muchos millones de dólares en sociedades a las que ellos tienen acceso y co-gobiernan.
Lo menciono como ejemplo, porque Frei y Pérez Yoma han señalado con el dedo a Sebastián Piñera, culposamente, a manera de crear una diferencia, cuando hacen lo mismo.
Siendo tan común el robo del erario por parte de quienes acceden al gobierno, en otro país podría pensarse que un candidato como Sebastián Piñera sería ideal, pues ya tiene tanto dinero que podría descartarse que robe, ahorrándole una humillación al pueblo.
No digo, por supuesto, que el candidato millonario sea lo mejor, sino que falta coherencia, no en el discurso sino en la realidad, de quienes lo critican tan enconadamente.
Nadie ha probado, pues, que quienes critican a gritos la fortuna del candidato de derecha, tengan, ciertamente, las manos limpias y blancas sus conciencias.
El asunto ha permitido que el debate tenga un camino que, al final, se ha vuelto una encrucijada. El camino del fideicomiso.
Un fideicomiso, para decirlo fácilmente, es el mecanismo mediante el cual yo le doy mi plata a otro para que me la administre. Pero me la tiene que administrar “de manera convenida”, y siempre para ganar.
En un fideicomiso, por definición, no se pierde plata.
Es “ciego” el fideicomiso, cuando yo le doy la plata al otro, pero “no convengo con él la manera de manejarla”, sino que dejo que él haga lo quiera. Solamente está obligado a, en el peor de los casos, no perder, y devolverme la misma suma que le entregué.
En el caso de Sebastián Piñera, le piden que separe dinero y política, y el candidato lo hace con una porción de su fortuna. Crea un fideicomiso ciego con US$ 400 millones, que es la suma que tiene invertida en “sociedades anónimas abiertas”.
El resto de su dinero se lo reserva.
O sea, pone en fideicomiso 1/3 y se reservas 2/3 de la fortuna. Entonces le caen encima, de nuevo, los críticos (políticos de profesión y legisladores), preguntándole: “¿Y por qué no lo hizo con toda la plata?”
El debate es un ir y venir de argumentos, unos más peregrinos que otros, y otros, más politiqueros que deseosos, realmente, de un fear play para las próximas elecciones presidenciales.
El asunto de fondo es el que mencionó el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, al parecer el único serio sobre este asunto del fideicomiso y la convergencia entre política y negocios. Dijo:
“El dato básico ha sido y sigue siendo uno: política y negocios no van de la mano. Ese vínculo lo más sano es cortarlo, no por decisiones unilaterales sino que por el imperio de la ley. Sigue siendo indispensable que en Chile tengamos una ley al respecto”.
1-Dice que es saludable separar las aguas de los negocios de la aspiración presidencial.
2-Dice que los fideicomisos no deben ser de buena voluntad de los candidatos, sino establecerse “por el imperio de la ley”.
3-Admite que no hay imperio de la ley sobre este tema en Chile, pues “sigue siendo indispensable que la tengamos”.
Así es el asunto, y todo lo demás es bulla.
Chile no tiene esa ley porque no ha querido. Y no lo ha querido la coalición de gobierno. Así lo denunció, en un programa de televisión (“Cadena nacional” del canal VíaX) el congresista independiente Álvaro Escobar.
Dijo, llanamente, que la Concertación no ha querido que el tema avance. “Si quisiera, pondría un mensaje de algún tipo de urgencia para que se debata”, fueron, más o menos, sus palabras. “Pero no lo hace”.
Entonces, ¿de qué estamos hablando? ¿Es sincero el debate?
¿Este debate busca, realmente, poner orden, o solo hacer ruido para sacar provecho electoral?